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domingo, 20 de noviembre de 2016

Ascensiones pirenaicas (2/3): Picos de los Infiernos (3083 msnm)

La mañana posterior al descenso del Monte Perdido la empleamos en una bonita ruta por el paradisíaco sur de Francia, concretamente por las inmediaciones del Midi d'Ossau (uno de los picos más emblemáticos de todo el Pirineo).
Por la tarde, dos de los integrantes del grupo tuvieron que despedirse de nosotros, por lo que nos quedamos solos Ibai Ugarte y yo.
Decidimos entonces ir a pasar la tarde a Baños de Panticosa, donde también acabaríamos pernoctando, pues el plan del día siguiente era ascender hasta los
Ibones de Bachimaña y desde allí a los Ibones Azules, zona en la que podríamos encontrar a uno de los objetivos del viaje: la lagartija pirenaica.


Unos piquituertos inauguraron oficialmente la jornada, en la que comenzamos atravesando una pedregosa e interminable garganta.
El tema botánico comenzaba a ponerse interesante, especialmente con especies como Aconitum vulparia, que puede presumir de ser la planta más tóxica de Europa (una minúscula dosis puede dejar a un humano fuera de juego).
De toxicidad tampoco se queda corta la popular dedalera (Digitalis purpurea).

Aconitum vulparia

Digitalis purpurea

Seguimos subiendo hasta alcanzar los Ibones de Bachimaña, donde el viento, además de sorprendentemente gélido, soplaba con fuerza.
Que hiciese tantísimo frío llamaba la atención para pleno mes de agosto, lo que hizo descender en picado nuestras esperanzas de avistar las lagartijas.



Ibón de Bachimaña (superior)

Trucha común (Salmo trutta)

A partir de aquí nos esperaba en comparación un recorrido más llano, definido por pastos alpinos y multitud de arroyos. En ellos buscamos sin descanso a la tan ansiada rana pirenaica, aunque desgraciadamente la altitud ya era demasiada para ella y sólo encontramos a su prima más alpina, la rana bermeja.


Ranas bermejas (Rana temporaria)

Encontrar mirlos acuáticos por las alturas siempre resulta curioso. La humedad de este ambiente también permite la presencia de algunas orquídeas y de un hipérico endémico de la Cantábrica y los Pirineos, el Hypericum richeri.



Mirlo acuático (Cinclus cinclus)

Dactylorhyza maculata

Hypericum richeri

Debido al intenso frío no volaban mariposas, con la excepción de las erebias, que gracias a sus oscuros colores se mantienen siempre calientes y activas.
Aquí arriba están bien representadas por un amplio repertorio de especies.

Montañesa ribeteada (Erebia euryale)

Montañesa de banda larga (Erebia meolans)

Montañesa concéntrica (Erebia cassioides)

Montañesa convexa (Erebia neoridas)

Continuábamos sin dar con lagartijas pirenaicas (supuestamente abundantes),
y no parecía que fuese a dejar de hacer frío en todo lo que quedaba de día.
Entonces me desvié del sendero para inspeccionar un pedregal soleado y protegido del viento... ¡Si encontrábamos lagartijas sólo podía ser ahí!
Y efectivamente las encontramos, al fin, los dos únicos ejemplares del día. 




Lagartija pirenaica (Iberolacerta bonnali)

Continuamos caminando hasta llegar a los Ibones Azules, localizados en el privilegiado entorno de Los Infiernos. Aquí nos detuvimos para comer.

Ibón Azul (Inferior)

Ibón Azul (Superior)

Armeria alpina

Aquel día no teníamos en mente ascender ninguna cima, pero nos sabía mal haber llegado hasta aquí y no coronar los Picos de los Infiernos, de modo que armados de valor (y ganas, que hacen falta) nos pusimos en marcha. 





Sarrios (Rupicapra pyrenaica pyrenaica)

Chaenorhinum origanifolium

Ibón de Tebarrai y pico del mismo nombre, en el Collado de los Infiernos

A partir de este ibón, el Ibón de Tebarrai, la subida se vuelve muy técnica y pedregosa, por lo que hay que andarse con ojo.

Ibón de Tebarrai


Draba dubia laevipes, endemismo ibérico de Pirineos y Sierra Nevada



Si hay algo que destaca de los Infiernos es su blanca marmolada, que contrasta con el oscuro estrato silíceo que compone el resto del macizo, y que desde la distancia lo hace inconfundible (como veréis en la próxima entrada).



Justo al pasar por encima de la marmolada tuvimos un breve encuentro con un treparriscos, tan breve que a penas dio tiempo a sacarle una foto despegando.

Treparriscos (Tichodroma muraria)



Midi d'Ossau (2884 msnm)

Ya con el tiempo justo para regresar pusimos rumbo de vuelta a Baños de Panticosa, donde llegamos a la hora apropiada para cenar.



Esa noche tocó conducir ni más ni menos que hasta Canfranc, lugar en el que despertaríamos al día siguiente. ¡Con eso lo digo todo!


domingo, 6 de noviembre de 2016

Ascensiones pirenaicas (1/3): Monte Perdido (3355 msnm)

A principios de agosto me embarqué junto con tres amigos en un viaje de una semana por el Pirineo aragonés. El plan era 100% montañero, aunque no quitaba que pudiese complementarse con la búsqueda de fauna típicamente pirenaica.
Los primeros dos días los dedicamos a la ascensión del mítico Monte Perdido, que con sus 3355 metros de altitud supone la 3ª mayor cumbre de los Pirineos.


Comenzamos la ascensión a media tarde, saliendo desde Torla dirección Góriz, teniendo que atravesar para ello todo el Valle de Ordesa.


Valle de Ordesa

Lirio azul (Iris latifolia)

Multitud de aves de montaña se movían por la pradera, incluidas las chovas piquigualdas, que como en otros sitios le sacan buen partido a los turistas.
Llegamos entonces a la famosa cascada Cola de Caballo, a cuyo abrigo se mantenían aún frescas orquídeas como Dactylorhyza magalis y distintas especies de grasillas, entre ellas Pinguicula longifolia (endémica del Pirineo central).



Chovas piquigualdas (Pyrrhocorax graculus)

Cola de Caballo

Grasilla pirenaica (Pinguicula longifolia)

Dactylorhyza magalis

Hasta aquí todo muy fácil, pero ahora tocaba empezar a sufrir un poco, pues para llegar hasta Góriz (donde acamparíamos para pasar la noche) es necesario remontar la pared del cañón hasta la parte alta, superando un desnivel muy alto en una distancia muy corta.
Una vez arriba nos esperaba un terreno relativamente llano.

Cola de Caballo


Valle de Ordesa


En el fondo del valle llegamos a ver fugazmente alguna que otra marmota, pero no fue hasta ahora cuando las vimos en números verdaderamente altos.



Marmotas alpinas (Marmota marmota)

Marmota alpina (Marmota marmota), VÍDEO

Ya en el Refugio de Góriz desplegamos la tienda y acampamos en sus inmediaciones. La cena aquel día nos supo a gloria, y poco después nos metimos a dormir. El día que nos esperaba iba a ser duro...

La Luna asomando entre las montañas...

Nos levantamos a las 6:00am para desayunar en el refugio, y a penas acababa de amanecer cuando ya estábamos de nuevo en marcha.

Refugio de Góriz

Al poco de dejar atrás Góriz nos topamos de bruces con un rebeco pirenaico, más popularmente conocidos en la zona como sarrios.



Sarrio (Rupicapra pyrenaica pyrenaica)

También encontramos un pequeño ejemplar de Edelweiss, principal objetivo botánico del viaje y símbolo de los Pirineos.
Días después veríamos ejemplares más decentes.

Edelweiss (Leontopodium alpinum)

La subida es larga, tediosa y técnica, alcanzando su clímax en el tramo final: La Escupidera, que a más de uno podría intimidar y hacerle dar media vuelta.







La vista estuvo puesta en todo momento en el cielo, pues al fin de al cabo nos encontrábamos en una zona muy propicia para quebrantahuesos. Éstos parecían no dejarse ver, todo lo contrario al resto de carroñeras.
Tampoco faltó la observación de un mirlo capiblanco, como plus.

Alimoche (Neophron percnopterus)

Buitres leonados (Gyps fulvus)

Si la Escupidera es de por sí lo más duro de Monte Perdido, sus últimos metros lo son en especial. Sólo hay que ver la pendiente:


Pero con sudor y aliento todo se puede, y a primera hora de la tarde ya habíamos coronado la cumbre de Monte Perdido... ¡Nada mal!

En la cima del Monte Perdido (3355 msnm)

Tuvimos un día excepcionalmente bueno que nos permitió disfrutar de las vistas con todo detalle, destacando en el paisaje el Valle de Ordesa y el resto de cimas de los Pirineos, a demás de ibones, abundantes en ésta cordillera.
Entre las cimas destacar el Vignemale, cuya ascensión no pudimos llevar a cabo por un problema técnico, por lo que será nuestro objetivo nº1 el próximo verano.

Valle de Ordesa


Vignemale (3298 msnm)


Ibones (o lagunas glaciares)

Decidimos comer en la cima. Allí disfrutamos de acentores alpinos de diferentes edades y mariposas como la Blanquiverdosa alpina (Pontia callidice), especie que en la península sólo podemos encontrar en los puntos más altos del Pirineo. También se dejó ver un gorrión alpino brevemente.

Blanquiverdosas alpinas (Pontia callidice)

Acentor alpino (Prunella collaris), jóven

Acentor alpino (Prunella collaris), adulto

Acentor alpino (Prunella collaris), jóven

Una vez servidos tocaba bajar de nuevo hasta Torla. De nuevo en el Valle de Ordesa nos esperaban más marmotas y más especies ya vistas previamente.

Valle de Ordesa

Marmota alpina (Marmota marmota)

Pinzones vulgares (Fringilla coelebs)

Niñas coridón (Polyommatus coridon)

Nuestros ojos no dejaron de mirar al cielo durante el camino de vuelta, hasta que finalmente (poco antes de adentrarnos de nuevo en el bosque) logramos distinguir la silueta de un quebrantahuesos... ¡Al fin! 


Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

Nos despedimos del Valle de Ordesa, nos despedimos de su hayedo habitado por picamaderos negros y, después de cenar, nos despedimos también de Torla. Nos hubiese gustado quedarnos más, pero aún teníamos mucho Pirineo por patear.

Valle de Ordesa

Haya (Fagus sylvatica) taladrada por un Picamaderos negro (Dryocopus martius)

Torla

Espero que os haya gustado la entrada. En unos días publicaré la próxima, que tratará de una zona distinta pero igualmente espectacular.