domingo, 15 de abril de 2018

MARRUECOS 2018 (IV/V): Tagdilt Track, Gargantas del Todra y Ouarzazate

A tan solo 5km de Boumalne Dades comienza el famosísimo Tagdilt Track, una serie de pistas que conectan la carretera principal con un pequeño pueblo llamado Tagdilt, y que actualmente se reparten en lo que se conoce como New Tagdilt Track y Old Tagdilt Track. De camino nos topamos con nuestro primer busardo moro (si no tenemos en cuenta una fugaz observación en los palmerales de Erfoud), una especie que considerábamos que iba a ser mucho más frecuente de lo que realmente es. Por suerte no iba a ser el único del que disfrutásemos...

Busardo moro (Buteo rufinus)

Nosotros decidimos empezar por el New Tagdilt Track, una carretera asfaltada que cruza un entorno con relativa cantidad de vegetación arbustiva. Aquí además de camachuelos trompeteros y collalbas desérticas también vimos collalbas culirrojas, las cuales resultaron ser francamente abundantes.

New Tagdilt Track

Collalba desértica (Oenanthe deserti), hembra

Collalba desértica (Oenanthe deserti), macho

Collalba culirroja (Oenanthe moesta), hembra

Collalba culirroja (Oenanthe moesta), macho

No tardamos en tomar una de las pistas que surgían a mano derecha que nos conectase con el Old Tagdilt Track. Fue entonces cuando comenzamos a ver los primeros corredores saharianos, llegando a contar más de 15 ejemplares...

Corredores saharianos (Cursorius cursor)

El Old Tagdilt Track está configurado por varias pistas sin asfaltar (por lo que hay que circular con cuidado) que atraviesan un ambiente con una densidad arbustiva mucho más baja, siendo ésta una mejor opción para los aláudidos. Las primeras en aparecer fueron las alondras cornudas saharianas...

Old Tagdilt Track

Alondras cornudas saharianas (Eremophila bilopha)

Vimos más especies, pero de primeras ninguna nueva, como por ejemplo esta alondra ibis que nos deleitó con su "display" nupcial. El tiempo corría para nosotros y la escurridiza calandria picogorda seguía sin aparecer, hasta que ya yéndonos nos pasó volando un grupo de 5 ejemplares... La calidad de la observación nos dejó con la miel en los labios, por lo que si al final del día nos sobraba tiempo decidimos volver para dedicarles un último intento.

Alondra ibis (Alaemon alaudipes)

Dromedarios (Camelus dromedarius)

Ahora lo que tocaba era retroceder respecto a lo conducido el día anterior y así visitar las Gargantas del Todra. La población de referencia aquí es Tinghir, donde a su vez observamos a placer otro ejemplar de busardo moro mientras devoraba el cuerpo de un sapo sobre el tronco de una palmera.


Busardo moro (Buteo rufinus)

De las Gargantas del Todra se me ocurre poco que decir más allá de que son un lugar espectacular, y basta sólo con estar en ellas para entender que sea tan buen sitio para águila perdicera o incluso arruí, entre otros... Pero nuestro objetivo aquí era mucho más humilde: el avión isabelino, que vimos volando en compañía de aviones roqueros convencionales. Éste es también un enclave bien conocido para la observación de curruca de Tristram, pero habiéndola visto ya días antes optamos por no dedicarle más tiempo y regresar con luz al Tagdilt Track.



Gargantas del Todra, hogar del avión isabelino

Antes de abandonar las gargantes pudimos ver tórtolas senegalesas en condiciones, especie que hasta el momento sólo nos había proporcionado un encuentro de pésima calidad en los alrededores de Rissani.

Tórtolas senegalesas (Spilopelia senegalensis)

Llegamos de nuevo al Tagdilt Track con las últimas luces del día. A estas horas ya se había levantado el viento y hacía bastante frío, razón a la cual achacamos el hecho de que no viésemos ni un solo pájaro en todo el recorrido. Aprovecho para mencionar que la basura es un elemento muy presente en este paraíso estepario.


La cantidad de basura es mayor sobretodo en el Old Tagdilt Track y aumenta cuanto más nos acercamos a Boumalne Dades. Y es paradójicamente justo aquí, en un foso donde unos locales estaban prendiendo fuego a los deshechos, el lugar en el que finalmente aparecieron varias calandrias picogordas. ¡Ya era hora!


Calandrias picogordas (Rhamphocoris clotbey)

Con todos los objetivos cumplidos condujimos hasta Ouarzazate, donde dormiríamos aquella noche. En el hotel nos sirvieron té y un tajín de pollo con verduras para cenar, además de un postre casero que no llegamos a saber qué era pero que estaba delicioso... Precisamente de la comida no podemos quejarnos.


A la mañana siguiente los escribanos saharianos fueron de nuevo nuestro despertador personal. La noche anterior habíamos decidido que por cuestiones de tiempo al final no iríamos a Agadir para visitar el P.N. Souss-Massa (donde la idea era ver ibis eremita y chagra del Senegal), por lo que nos esperaba una jornada camino de Marrakech abierta a la improvisación.

Escribano sahariano (Emberiza sahari) y Gorrión común (Passer domesticus)

Decidimos aprovechar las primeras horas para buscar abejaruco persa (Merops persicus) en los alrededores de la ciudad, una especie supuestamente de las "fáciles" pero que desgraciadamente nos falló. Es por esas fechas cuando empezaban a llegar, y tal vez este factor influyese en que resultasen más impredecibles... además el embalse de Ouarzazate no es precisamente un lugar intuitivo, pero a pesar de ello vimos tarro canelo, cogujada magrebí (de reciente clasificación), águila pescadora, halcón tagarote y terreras saharianas. Abandonando Ouarzazate disfrutamos de nuevo de bulbules naranjeros y varias tórtolas senegalesas en un palmeral, donde además tuvimos un breve encuentro con un turdoide rojizo que a nuestro pesar se quedó sin foto.

Tarro canelo (Tadorna ferruginea)

Cogujada magrebí (Galerida macrorhyncha)

Embalse de Ouarzazate

Halcón tagarote (Falco pelegrinoides)

Tórtolas senegalesas (Spilopelia senegalensis)

El siguiente desvío lo tomamos en Amerzgane, visitando las cárcavas al sur de dicha localidad. Éste supone uno de los pocos puntos en los que teníamos constancia de la presencia de collalba magrebí, antes considerada subespecie de la collalba núbica, la más rara de las collalbas del país.


Yo en busca de la Collalba magrebí...

Le dedicamos bastante tiempo a esta especie, conformándonos al principio con varios de los camachuelos trompeteros que merodeaban por la zona.

Camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus)

Ya parecía que nos íbamos a ir sin verla cuando escuchamos un pájaro cantando en una pared: ni más ni menos que el macho de la collalba magrebí. Más tarde bajó al suelo, poniéndose aún más a huevo mientras reclamaba la atención de la hembra, que también andaba por allí... ¡Otro objetivo cumplido!

Collalba magrebí (Oenanthe halophila)

Un agama puso la nota herpetológica...

Agama de Bribón (Agama impalearis)

Sólo nos quedaba cruzar el Alto Atlas para llegar a Marrakech. Durante este trayecto a través de puertos de montaña vimos más aves en migración hacia el norte, y no solo rapaces... también abejarucos y una carraca.


Carraca europea​ (Coracias garrulus)

Una vez en Marrakech observamos urracas de la subespecie mauretanica (que algunos autores ya comienzan a considerar como una especie en sí misma), un halcón tagarote y, desde la terraza del hotel, buena cantidad de vencejos moros volando en compañía de comunes al caer el sol.

Vencejos moros (Apus affinis)​

Por la noche no perdimos la oportunidad de visitar la ciudad, reconciliándonos con ella después de la experiencia casi traumática que supuso la conducción por sus calles. Un buen paseo y una cena consistente eran justo lo que necesitábamos para recargar pilas y rematar el día.

Torre de la Kutubía

Plaza de Yamaa el Fna

Zoco de la plaza principal

La próxima entrada será la última que dedique al viaje por Marruecos y estará dedicada a los dos únicos ambientes del país que todavía no habíamos pateado debidamente: la alta montaña del Atlas y la costa atlántica norte.

¡Hasta entonces espero que os haya gustado la crónica de hoy!



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