domingo, 9 de diciembre de 2018

Finales de verano

¡Aquí ando de nuevo, después de más de un mes desde la última publicación!
Estamos ya a las puertas del invierno y sin embargo retomo la actividad del blog con un poco de material que me quedó pendiente de finales de verano.

Joven de Collalba gris (Oenanthe oenanthe)

Como sabréis por aquellas fechas todavía me encontraba por Aguilar de Campóo y subir a Brañosera siempre es una cercana y tentadora opción para un día sin planes. Por aquel entonces ya quedaba muy poco pájaro que ver por las alturas, exceptuando los pollos de algunas de las especies más comunes de la zona, además de nuestros mirlos capiblancos reproductores y rapaces sueltas...

Sierra del Híjar

Bisbitas alpinos (Anthus spinoletta), adultos


Mirlo capiblanco (Turdus torquatus), macho

Alimoche (Neophron percnopterus)

Los Iberodorcadion se han vuelto mucho más habituales para mi desde mi primera toma de contacto con ellos este verano. Hablo por supuesto de Iberodorcadion albicans, la especie propia y endémica de este sector de la Cordillera Cantábrica. En este caso bien podría pertenecer a la subespecie palentinum.

Iberodorcadion albicans palentinum

Entre la pequeña fauna también merece la pena hacer una mención a las avispas alfareras (muy atareadas recogiendo barro para elaborar sus "vasijas"), además de saltamontes ápteros y grillos de matorral, incluyendo una hembra depositando la puesta en la tierra por medio de su oviscapto.

Avispa alfarera (Sceliphron destillatorium)

Podisma pedestris con una atípica coloración rosácea

Grillo de matorral (Ephippigerida sp.)

Grillo de matorral (Ephippigerida sp.) depositando la puesta en la tierra

Entre las mariposas la Nymphalis antiopa se llevó la palma. Tuve la suerte de observar este ejemplar en compañía de Juan y Gonzalo Pardo, y digo suerte porque hoy en día toparse con una Antíopa se ha convertido en todo un privilegio, habiendo casi desaparecido de la vecina Cantabria donde antaño fue muy común. Desde luego su tendencia no podría ser más preocupante...

Antíopa (Nymphalis antiopa)

Dejo ya la sierra y bajo un poco de altitud y también de latitud, de vuelta a Aguilar. Las limícolas que habitualmente hacen escala en el embalse son el mayor incentivo en esos meses de transición, pero sin embargo este año el paso postnupcial que hemos vivido ha sido uno de los más tristes que se recuerdan. De lo malo malo Juan Aguado y yo si llegamos a tener un día relativamente interesante que además coincidió con la visita que nos hizo Daniel Saldaña, destacando un vuelvepiedras como observación más interesante.

Gaviotas patiamarillas (Larus michahellis) y Gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus)

Vuelvepiedras común (Arenaria interpres)

Chorlitejos grandes (Charadrius hiaticula) y Correlimos comunes (Calidris alpina)

Avefrías europeas (Vanellus vanellus)

Andarríos grande (Tringa ochropus)

Archibebes claros (Tringa nebularia)

Agachadizas comunes (Gallinago gallinago)

Las águilas pescadoras no podían faltar...

Águila pescadora (Pandion haliaetus)

Tampoco tengo mucho más que contar de aquellos días, ya que estuve muy liado, de modo que terminaré con tres mariposas muy comunes por la zona y una peculiar escena en la que una especie de libélula es depredada por otra...

Anax imperator devorando una Sympetrum sanguineum

Chupaleches (Iphiclides feisthamelii)


C-blanca (Polygonia c-album)

Lobito listado (Pyronia bathseba)

Y ésto es todo por hoy...
¡Ahora a exprimir el invierno!




domingo, 28 de octubre de 2018

Toma de contacto con la avifauna islandesa...

A comienzos de mes realicé un viaje a Islandia en compañía de dos buenos amigos. No fue para nada un viaje ornitológico, tan sólo turístico, pero a pesar de ello pudo compaginarse con la observación de las pocas aves que por estas fechas quedan en el país... nada que ver con lo que debe ofrecer en el periodo estival.

Islandia

Si hubiese que empezar por alguna especie el cisne cantor sería sin duda un buen ejemplo, encontrándolo con relativa frecuencia tanto en pequeños grupos familiares como agrupados en grandes concentraciones.

Cisnes cantores (Cygnus cygnus)

Llegamos a verlos compartiendo pasto con los gansos, entre los que no costó demasiado distinguir varios ánsares caretos.

Cisnes cantores (Cygnus cygnus) y Ánsares comunes (Anser anser)

Ánsares caretos (Anser albifrons)

El pardillo sizerín fue otra especie que resultó puntualmente abundante. En Islandia hay pocos árboles más allá de los abedules, por lo que ahora me resulta más fácil entender la fijación hacia esta planta por parte de los individuos que de vez en cuando se dejan ver por nuestro país...

Pardillos sizerines (Carduelis flammea)

El Parque Nacional de Thingvellir fue una parada obligatoria. Por estas fechas lo encontramos muy desolado, pero a pesar de ello un chochín común de la famosa subespecie islandesa (el único del viaje) decidió aparecer de la nada para posar ante la cámara y de paso animar el cotarro.

P.N. de Thingvellir

Chochín común islándico (Troglodytes troglodytes islandicus)

Bajo las aguas del Thingvallavatn se distinguían las gigantescas siluetas de lo que resultaron ser truchas comunes, siendo las de esta zona muy conocidas por superar sin dificultad los 9kg de peso... ¡Auténticos tiburones de agua dulce!

Truchas comunes (Salmo trutta)

Por suerte decidí llevarme la cámara sumergible al viaje y gracias a ello pude sacarles un vídeo subacuático a estos monstruos.

Truchas comunes (Salmo trutta), VÍDEO

Los zorzales alirrojos tal vez sean los reyes y señores del país en cuanto a números se refiere, siendo muy abundantes en todo tipo de hábitats y entornos. Siempre muy confiados, llegando incluso a comer de la mano de la gente.

Zorzales alirrojos (Turdus iliacus)

Este parque nacional supone una de las paradas más señaladas del denominado "Círculo Dorado", que también incluye otros enclaves de gran interés natural como multitud de espectaculares cascadas, cráteres, géiseres, etc.

Gullfoss

De camino a la costa encontramos no pocas serretas medianas en uno de los embalses, y ya una vez en la localidad de Eyrarbakki volvimos a ver algunas más, además de eideres comunes, gaviotas polares y unas barnaclas carinegras.

Serretas medianas (Mergus serrator)

Eideres comunes (Somateria mollissima)

Barnaclas carinegras (Branta bernicla)

Las horas de luz se desplomaban rápidamente y todavía había que coger un ferry a nuestro próximo destino: las Islas Vestman. En el embarcadero los eideres y colimbos chicos fueron los encargados de despedirnos antes de partir, y a su vez las auroras boreales hicieron lo propio antes de llegar a destino.

Eideres comunes (Somateria mollissima)

Colimbo chico (Gavia stellata)

La mañana siguiente estuvo plenamente dedicada a recorrer Heimaey (la única isla de las Vestman habitada), sin olvidarnos de hacer cima en el más alto de sus volcanes y patear sus soberbios acantilados marinos.

Cima del volcán Helgafell, en Heimaey

Roca del Elefante

Fulmares boreales (Fulmarus glacialis)​

Las Vestman son archiconocidas por sus espectaculares colonias de álcidos, y más concretamente de frailecillos. En octubre obviamente ya quedaba poco de eso que ver, pero sin embargo algunos de los araos aliblancos todavía permanecían por la zona y me permitieron deleitarme con ellos en el embarcadero del pueblo.



Araos aliblancos​ (Cepphus grylle)

En esta ocasión tampoco perdí la oportunidad de grabar unos vídeos. En el primero aparece un ejemplar aseándose a conciencia, y en el segundo otro capturando lo que parece ser un pequeño bacalao (o pariente próximo).

Araos aliblancos​ (Cepphus grylle), VÍDEOS

Tampoco faltaron gaviotas polares, gaviones hiperbóreos y gaviotas canas antes de abandonar el archipiélago de forma definitiva.

Gaviotas polares (Larus glaucoides)

Gavión hiperbóreo (Larus hyperboreus)

¡Islandia a la vista!

De vuelta en la Islandia "continental" retomamos el viaje visitando sus playas negras, más cascadas y por supuesto parajes de actividad geotérmica...

Playa negra de Vik

Skógafoss

Paraje geotérmicamente activo

En uno de los múltiples cursos de agua pude distinguir a la única y lejanísima serreta grande de todo el viaje.


Serreta grande (Mergus merganser)

A medida que nos desplazábamos hacia el este las praderías fueron siendo reemplazadas por un paisaje cada vez más abrupto y claramente volcánico. Dicho entorno supuso un escenario inmejorable para edulcorar la ya de por sí fabulosa observación de un bando de barnaclas cariblancas.
Por su parte la búsqueda activa de rapaces concluyó tan sólo con dos esmerejones, fracasando en el intento de dar con algún halcón gerifalte.


Barnaclas cariblancas (Branta leucopsis)

El viaje alcanzó su máximo exponente en el lago Jökulsárlón, donde los icebergs desprendidos del glaciar Breiðamerkurjökull suponen la principal atracción turística. Nosotros además habíamos reservado un recorrido en zodiac que nos permitió disfrutarlo todavía más.


Aquí las focas fueron las grandes estrellas, en especial las focas grises, muy abundantes y confiadas que llegaron incluso a acercarse curiosas a la embarcación. Aún así el premio se lo llevó la foca ocelada, y más concretamente un ejemplar de buen tamaño que descansaba sobre un bloque de hielo.

Focas grises (Halichoerus grypus)

Foca ocelada (Pusa hispida)

Aquella noche recorrimos 380 km de vuelta a Reikiavik. Mi despertador sonó a las 5:00am y antes del amanecer me alejé de la ciudad en coche siguiendo la costa hacia el norte... Ésta era mi última oportunidad para intentar dar con algún pato arlequín y tenía que aprovecharla bien. Me detuve en el primer sitio adecuado para aparcar que encontré junto a la carretera y esperé pacientemente la salida del sol para poder empezar a ver algo.
Ya con el primer albor me llevé una sorpresa mayúscula al distinguir mi primer ejemplar, que no tardó en dar paso a un buen bando de machos acosando sin descanso a unas pocas hembras. Resultó muy entretenido e incluso divertido ver cómo se apelotonaban detrás de ellas, como si fuesen críos dándose codazos.

Patos arlequines (Histrionicus histrionicus)

Patos arlequines (Histrionicus histrionicus), VÍDEO

Patos arlequines (Histrionicus histrionicus)

Ya en Reikiavik me acerqué al estanque de su parque central, donde hacía un mes se había citado una pareja del porrones islándicos. Por desgracia no hubo suerte con ellos, aunque no faltaron cisnes cantores, gaviotas y patos de todo tipo e incluso un grupo de gansos que sobrevolaban la capital y descendieron para beber, regalándome de paso un ánsar piquicorto que los acompañaba.

Reikiavik

Por último, un recorrido por el paseo marítimo de la ciudad nos deparó más serretas, eideres y también buenos números de patos havelda.


Patos havelda (Clangula hyemalis)

Con ésto doy por concluida la entrada. Sin duda merecerá mucho la pena realizar un viaje ornitológico a Islandia en el futuro (en la época adecuada por supuesto), pues el potencial que ha demostrado tan sólo visitándola de refilón ya es enorme.
Hasta entonces me limitaré al pajareo ibérico que tampoco está nada mal jeje...

¡Gracias por visitar el blog!