Siempre he dicho, y seguiré diciendo, que pocos pinares habrá en España tan buenos y tan salvajes como los del norte de Palencia.
Y no sólo es que lo diga yo; la presencia de piquituertos es un buen indicador de la calidad ambiental de los pinares, y aquí son abundantísimos.
Las hembras no desmerecen en belleza, pero los machos se llevan la palma.
Los jóvenes del año, más apagados, acompañan a los adultos durante el crudo invierno, optando así a mayores probabilidades de supervivencia.
Por estos pinos también se mueven zorzales, agateadores, picapinos, diferentes rapaces y toda clase de páridos, pero todos ellos son eclipsados cuando estos alegres y coloridos "loritos" hacen acto de presencia.
Pero ser los maestros de las piñas no quiere decir que les vaya mejor que al resto de sus vecinos. Esta época es muy dura para todos, y cuando los piñones empiezan a escasear, muchos se acercan a los campings y merenderos donde es más fácil encontrar algo que echarse al pico. ¡Mejor eso que corteza!






